Mi historia y once más, de Leonor Tamayo

192 páginas
Publicado por Áltera Ediciones
En uno de los países del mundo con menor natalidad, una voz diferente nos ofrece una nueva perspectiva sobre la familia, llena de posibilidades. Un libro sobre la mujer, la identidad femenina y, muy especialmente, la maternidad, todo ello visto desde la experiencia personal de una madre de diez hijos. Un recorrido por las distintas facetas de la feminidad: mujer, esposa y madre de una familia más que numerosa. Un repaso valiente y ameno a la historia del feminismo, con multitud de respuestas sobre cómo la ideología de género ha logrado instalarse tan cómodamente en nuestras vidas. Todo ello mediante la descripción de claves para un matrimonio vivido plenamente y el testimonio, en primera persona, de la autora. Unas páginas repletas de optimismo y la alegría épica de sobrevivir, día a día, en una familia con diez hijos.



Confieso con cierta vergüenza que soy lectora de ficción y que el ensayo y yo no somos buenos compañeros de viaje. Tampoco la poesía y yo nos llevamos del todo, aunque estoy intentando remediar mi ignorancia en ese campo con nuevas lecturas. Igual que hice con Estimulantes, Silentium o Mil palabras y viejas canciones, cuando me ofrecieron la oportunidad de leer este libro sobre una mujer y su visión del matrimonio y la maternidad (es madre de diez hijos) le di unas vueltas, cerré los ojos y me dije ¿por qué no?

Leonor Tamayo nos habla en primera persona de lo que supone para ella su vida en torno a sus valores, decisiones y a su familia. Es difícil no establecer comparaciones porque ella es mujer, yo también, está casada, yo también, tiene hijos, yo también y poco más. Es verdad que a pesar de lo fácil, ameno y distendido que es el texto, a veces me ha resultado algo incómodo porque ella y yo no comulgamos de los mismos valores sobre diferentes temas. No os engañéis, en algunos casos la base es la misma pero creo que la percepción o cómo lo interpretamos es lo que hace que no estemos en línea. No sé si su manera de sentir el feminismo es igual que la mía.

La única parte con la que sí me he sentido cerca de ella ha sido como madre, porque eso es algo universal, porque me ha encantado leer cómo conoce a cada uno de sus hijos, a su individualidad, ser consciente de que cada uno necesita su propio espacio además de pertenecer a una familia tan numerosa. He podido entender qué ha querido decirme hablándome de ellos pero también lo he asimilado como su opción de vida, simplemente eso, es lo que ella y su marido han elegido y solo por ello es perfecto, aunque no es la única opción, y espero que eso lo acepte, por el bien de todos sus hijos.

Dejando a un lado su papel de madre, entiendo su papel social, lo respeto, pero eso es todo. Creo que debería ser consciente de que hay muchas otras opciones para una mujer que son tan buenas como la suya.  Entiendo su fe y que quiera vivir de manera consecuente a ella. Entiendo cómo vive su matrimonio y por qué dice lo que dice aunque es muy fácil escribir palabras y todo hay que vivirlo, porque historias hay muchas y todas son válidas, familias hay muchas y todas son válidas, y amor hay mucho y todo es válido. No somos seres perfectos, deberíamos compartir más cosas, pero yo creo que cierta individualidad es necesaria para el desarrollo personal de cada uno, para luego continuar con la vida en común que habéis elegido.

Tras la lectura de Mi historia y once más me he sentido como si Leonor Tamayo me hubiera permitido entrar en su zona más íntima, en su entorno privado, y eso se lo agradezco. Ha sido una lectura fácil, rápida y sobre la que podría estar hablando (a favor o en contra) sin problema durante horas, con uno (o más) café y disfrutando de compartir ideas.

Gracias por permitirme leer algo tan alejado de mi zona de confort. Solo por eso, ya ha merecido la pena.

   




Comentarios

  1. Hola, Carmen. Estupendo leer algo fuera de lo habitual y más si se disfruta. Tiene buena pinta esta obra.

    Un beso.

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    Respuestas
    1. Supongo que la hubiera disfrutado más si la autora y yo hubiéramos "navegado" en las mismas aguas pero es verdad que hay que salirse un poquito de lo habitual, aunque sea para apreciar más lo que nos suele gustar ;)
      Un abrazo

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