La señal (relato)


Me ha costado mucho comenzar a escribir. Realmente no sé cómo contarlo, y si me va a creer alguien. Yo todavía no sé si me lo creo, y eso que me ha pasado a mí. Bueno, empezaré por el principio, y así será más fácil.

Hace unos días estaba sentada en un banco del Parque del Retiro. Ahora, en verano, suelo ir por la tarde, cuando el sol ya está bajo y no quema, con mi libro y mi botella de Aquarius. Lo sé, es una mezcla rara, pero yo soy así, una mezcla de contradicciones. Estaba enfrascada en mi lectura, sin percatarme de lo que ocurría a mi alrededor, cuando me quedé como en trance. Con la mirada fija en el libro pero sin ver nada y sin escuchar tampoco nada. No sé cuánto tiempo estuve así. De pronto comencé a escuchar un aullido, acompañado de una melodía. Empezó siendo un leve susurro hasta llegar a estar tan cerca de mí que podía sentir hasta cómo vibraban las cuerdas vocales de la persona que estaba tarareando. Con los ojos cerrados todavía, sentí el calor de un aliento cerca de mi oreja y bajando por mi cuello. A la vez que se me erizaba toda la piel, un ardor se formó dentro de mí y empezó a llenar todo mi cuerpo. Cuando estaba a punto de abrir mis ojos y girar mi cabeza para ver quién estaba respirando en mi oído, una mano grande, firme, agarró la mía al tiempo que una voz me decía: “no mires, no necesitas saber cómo soy, sólo siénteme, respírame, huéleme, nota mi presencia. Tú y yo estamos predestinados, unidos, y eso no se puede cambiar. Sé que todavía es pronto para que estemos juntos, pero necesitaba acercarme a ti para que supieras que te llevo dentro. En el momento en el que tu alma esté preparada para ello, me encontrarás y ya no podrás separar nuestra existencia”. Mientras escuchaba esta declaración, mi respiración se hizo más lenta. En lugar de excitarme por lo directo de estas palabras, sentí que estaba donde quería estar y no tuve dudas ni miedo. “Ahora me tengo que ir. Quédate como estás, y no intentes buscarme con la mirada porque, te repito, todavía no es nuestro momento. Cuando estés preparada recuerda estas palabras: En las estrellas encontrarás el camino. Mi piel será tu mapa y el lobo tu destino.” Sus labios rozaron levemente los míos, y cuando abrí los ojos, ya no había nadie, y el mundo seguía girando. Sin saber qué hacer ni qué sentir, me quedé allí sentada durante un tiempo indefinido, hasta que vinieron a avisarme de que se iba a cerrar el Parque. 

Y esto es todo lo que pasó hace cinco días. Cada vez estoy más convencida de que no lo he vivido realmente, sino que me lo he imaginado, aunque cuando cierro los ojos puedo sentir el olor de su piel y de su respiración. <<En las estrellas encontrarás el camino. Mi piel será tu mapa y el lobo tu destino>>. No tengo ni idea de lo que significan estas palabras ni a dónde me quieren llevar, lo que hace que cada vez esté más convencida de que todo fue una ilusión, producida por mi marcada soledad y mi necesidad de ser amada. 

Todavía no sé qué pensar. Cinco días parece poco tiempo, lo sé, pero son 120 horas con un pensamiento único, ÉL. No entiendo cómo puedo ser capaz de echar de menos algo que no conozco. Le he dado mil vueltas a sus palabras, pero no saco nada en claro. <En las estrellas encontrarás el camino. Mi piel será tu mapa y el lobo tu destino>… 

-¿Quieres algo más, mo mac-tíre? – me dice una voz interrumpiendo mis divagaciones

-¿Perdón? – levanto lentamente la mirada y me encuentro con unos ojos azules, que me miran sonriendo, una melena rubia y descuidada, y una sonrisa atrevida que me está diciendo muchas cosas. Me he quedado tan absorta que no soy capaz de reaccionar, hasta que parpadeo y rompo esa conexión

-Ponme otro Acquarius, por favor…

-Bleddyn, me llamo Bleddyn 

-¿Bleddyn? – pregunto sorprendida

Se mueve lentamente, acerca su boca a mi oído, coloca sus brazos alrededor de mí, envolviéndome, y me susurra – Lobo, significa lobo en galés, mo mac-tíre – se levanta, me guiña un ojo y se marcha.

¿Qué ha pasado aquí?, me pregunto. Siento como si mi cuerpo hubiese despertado de un eterno letargo y necesitara salir corriendo. Esa voz. Tiene que ser ÉL. No tengo ninguna duda, pero tengo miedo…a mí no me ocurren cosas buenas…tengo que irme de aquí, tengo que desaparecer… 

Me levanto sin mirar a ningún sitio, y salgo corriendo. Literalmente corriendo. Giro y, sin darme cuenta, choco contra algo. Cuando levanto la mirada, me encuentro con unos ojos azules, que preguntan sin palabras y me paralizan. Ya no quiero huir. Mi Lobo me coge la cara con sus manos, y lentamente me besa, quedándose con mi alma, eternamente. No hay otra manera de explicarlo. 

Sin pronunciar una sola palabra, me toma de la mano y me lleva con él. Yo le sigo sin dudar, porque sé que él es mi destino.

Unos días más tarde….

Estamos recostados, uno junto al otro, en una de las tumbonas que tenemos puestas en la azotea de mi casa. Es de noche, y la luna está iluminando nuestros momentos.

-Bled – le pregunto – no me has explicado cómo llegaste a mí y qué significaban tus palabras – me acurruco en sus brazos, esperando su respuesta. Sé que te preguntarás por qué no le había reclamado esto antes, pero nos hemos pasado todos estos días amándonos, sin pronunciar grandes palabras. Conociéndonos física y sexualmente, porque nuestras almas ya se conocían. He recorrido con mis dedos y mi lengua cada uno de los tatuajes de su cuerpo, hasta tenerlos grabados en mi mente. Soy capaz de cerrar los ojos y dibujarlos, como un mapa aprendido, que me lleva hasta él.

- ¿De verdad quieres saberlo? – me pregunta a la vez que sus caricias encienden mi deseo de nuevo. 

Afirmo con un gesto de cabeza, disfrutando del placer de sus dedos sobre mi piel

- Las estrellas me guiaron a ti una noche en mis sueños, y desde entonces he ido marcando mi piel con el camino que esos recuerdos dormidos de mi alma me iban mostrando, hasta que un día la señal del lobo, mo mac-tíre, en el Parque del Retiro, me llevó hasta ti.

-¿La señal del lobo? – le pregunto

Con su pulgar acaricia mi frente, y noto un quemazón

-Tienes grabada la señal del lobo en ti, porque eres una de los nuestros, Los Eternos, eres mo mac-tíre, y aunque todavía no recuerdes tu herencia, lo harás y entonces creerás en todo lo que eres, en todo lo que somos, y por qué llegué a ti.

Aunque no he comprendido casi nada de lo que me ha dicho, no me importa. Estoy con él y quiero seguir estando. Mañana ya pensaré. Ahora, simplemente, voy a dejar que me ame y voy a amarle yo, a mi Lobo.

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