Pachinko, de Min Jin Lee

Autora Min Jin Lee
Traducción Eva González Rosales
ISBN 9788494716966ISBN eBook 9788494716973
Nº Páginas 544
Género Narrativa, Ficción
Fecha de publicación 15/02/2018
Nº de Colección 六十九Sentido de Lectura Occidental

Yeong-do, Corea, 1911
En una pequeña aldea de pescadores a la orilla del mar del Este, un hombre tullido se casa con una muchacha de quince años. La pareja tiene una hija, su adorada Sunja.
Cuando Sunja se queda embarazada de un hombre casado, la familia se enfrenta a la ruina. Pero entonces Isak, un joven sacerdote cristiano, le ofrece una oportunidad de salvación: una nueva vida en Japón como su esposa.
Tras seguir a un hombre al que apenas conoce hasta un país hostil donde no tiene amigos ni hogar, la salvación de Sunja no será más que el principio de su historia.
A través de ocho décadas y cuatro generaciones, Pachinko es un relato épico de familia, identidad, amor, muerte y supervivencia.

Desde hace mucho tiempo me atrae la literatura ambientada en Extremo Oriente, sobre todo en el Japón feudal o en la China revolucionaria del siglo XIX. Es verdad que no leo tanto como me gustaría. Hace no mucho, he comenzado a aficionarme a doramas coreanos (¡ay, estoy en un sinvivir!) y sobre todo los históricos. Disfruté muchísimo viendo Mr Sunshine, un dorama histórico ambientado en 1900 en una Joseon (Corea) dominada en parte por los japoneses, que termina en 1910, justo cuando Japón anexiona Joseon como colonia. Me impactó tanto el drama, los personajes y la historia que no pude resistirme a leer a continuación Pachinko, ya que este libro comienza en 1911, en Corea, y continúa los próximos ochenta años con la vida de una familia coreana que vive en Japón, con todo lo que ello significa.

—Ese Hirohito se apoderó de nuestro país, nos robo la tierra, el arroz, el pescado, y ahora se está llevando a nuestros jóvenes. —Suspiró y dio otro bocado a la batata—. Bueno, no culpo a los jóvenes por marcharse a Japón porque aquí no se puede hacer dinero.

Pachinko ha resultado ser una novela que se lee muy cómoda. Es un texto muy rápido, ya que, en casi quinientas páginas, la historia contempla ocho décadas de una misma familia, pero no por ello menos preciso. El libro está estructurado en tres partes: 

—Libro I. Gohyang/Tierra natal (1910-1933)
—Libro II. Madre Patria (1939-1962)
—Libro III. Pachinko (1962-1989)

—Todo el mundo lo sabe, Solomon. en Japón, o eres un coreano rico o eres un coreano pobre, y si eres un coreano rico, hay un salón de pachinko en algún punto de tu pasado.

El título de cada parte es muy significativo; desde Gohyang, ese lugar humilde donde nace y vive Sunjan hasta que se casa y se traslada a Osaka; pasando por su nueva vida en Osaka, que por los años abarca, tenemos el eco de la II Guerra Mundial y cómo afecta a la familia, y terminando en el tercer libro, que se titula Pachinko, como algo que define a los personajes o con el que se les relaciona.

—Allá donde vayas, la gente está podrida. No hay nadie bueno. ¿Quieres ver a un hombre muy malo? Haz que tenga más éxito del que nunca había imaginado. Verás lo bueno que es cuando descubra que puedo hacer todo lo que quiera.

La base histórica y social está muy presente y muy integrada dentro de la narración; ese realismo vital, con la intimidad familiar que muestra, nos lleva a la existencia primero en una pequeña isla de pescadores del mar del Este de una familia que sobrevive regentando una humilde posada, para trasladarnos luego a Osaka, y acompañar a Sunja hacia lo que será su futuro. Pero, sin duda, esta historia es una novela de personajes, con los que sufriremos la vicisitudes de la vida que les ha tocado, aunque el texto no nos permitirá conocer el interior de ellos de forma muy profunda. Creo que la novela habla más de la intimidad familiar, que no tanto personal. Es un acierto que, sin incidir mucho en cada personaje, la autora consiga perfilarlos de una forma muy clara, de tal manera que al leer somos capaces de entenderles, para bien y para mal. Tengo que aclarar que no he necesitado empatizar con ellos para arroparles en sus decisiones; no sé si me llegáis a entender cuando digo esto pero es la sensación que se me iba quedando mientras leía.

Por cada patriota luchando por una Corea libre, por cada traidor luchando por Japón, había diez mil compatriotas que solo intentaban llevar un plato a la mesa. Al final, tu estómago es tu emperador.

Al final, nos habla de una vida y de los pasos que se van dando, todo mezclado con esa carencia vital por la falta de aceptación e integración. La inmigración, el desplazamiento, la desubicación, unidos al fuerte racismo, xenofobia e intolerancia predominante durante todo el siglo XX en Japón hacia los coreanos y, por ende, hacia los descendientes de coreanos a pesar de que hayan nacido en Japón, marcan el devenir de cada uno de los personajes y su forma de enfrentarse a ello. La autora construye este relato para mostrar la exclusión social que sufrieron los coreanos que emigraron a Japón, conocidos como zainichi; sorprende descubrir que, incluso, la tercera generación, nacida en Japón al igual que sus padres, tenían que renovar el permiso de residencia. 

Vivir cada día con aquellos que se niegan a reconocer tu humanidad exige un gran valor.

Miseria, penurias, pobreza, pérdidas, esfuerzos, y muchos estereotipos; la pertenencia a un pueblo, a unas costumbres, junto con el anhelo a una tierra, ya perdida; el idioma, algo esencial que define a cada uno de los personajes; el matrimonio, la maternidad, la familia, los roles; el trabajo, la educación. Entre todo, además de la palabra familia, me quedo con el anhelo; para mí, los personajes siempre anhelan algo que no tienen, bien sea la patria, el amor, el sentirse aceptados, el dinero o el perdón.

A Noa no le importaba ser coreano o japonés, en general. Él quería ser, solo ser él mismo, significara lo que significara eso; a veces quería olvidarse de lo que era. Pero eso no era posible. Jamás sería posible con ella. 

Al final me ha parecido un libro sobre la identidad personal, con esa sensación de patria perdida que impregna al inmigrante, sea de la generación que sea.

—Oye, tío, no hay nada que tú puedas hacer. Este país no va a cambiar. Los coreanos como yo no podemos marcharnos. ¿A dónde vamos a ir? Pero los coreanos de Corea tampoco están cambiando. En Seúl, llaman a la gente como yo bastardos japoneses, y en Japón solo soy un sucio coreano más, sin importar cuánto dinero gane o lo simpático que sea. Así que, ¿qué demonios? Toda esa gente que volvió al norte está muerte de hambre o muerta de miedo. —Mozasu buscó los cigarrillos en sus bolsillos—. La gente es horrible en todas partes. Bebé un poco de cerveza

En cierta manera, no hay grandes gestas. Los personajes son imperfectos y llegan a sentir, en muchos casos, menosprecio por su propio origen. Creo que esa lucha interior por ocultar su realidad los hace dolorosamente humanos. Al final, está narrando una vida, una familia, la vida de diferentes miembros, y la autora lo hace desde el conocimiento de los que se han sentido menospreciados o excluidos. Esto me ha llamado mucho la atención porque lo he visto como la base de lo que estaba leyendo. 

Para Yumi, ser coreana era solo otra horrible carga, como ser pobre o tener una familia indigna de la que no podías librarte.

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Para ella, John representaba un mundo mejor donde los coreanos podían ser algo más que putas, borrachos o ladrones.

Es un relato sobre una familia y sobre la identidad y la complejidad del pensamiento humano de la palabra patria y de la sociedad a la que perteneces. Es una familia que lucha por salir adelante. Creo que una de las cosas que intenta es acercar la esencia de la herencia coreana dentro del mismo Japón; no es algo tan lejano, de hecho la novela llega a los años 90 y la propia autora cuenta que durante la época que vivió en Tokyo fue consciente de que algunas personas ocultan esa herencia coreana colonial que puede ser de quinta o sexta generación. Es una novela realista, con un texto que a veces sonríe y a veces duele. No intenta juzgar, no intenta arreglar, solo cuenta una historia. Es bonita. Con ella aprendes, además de conseguir que entiendas y que te acerques al sentimiento de desgarro social. Hay muerte, hay supervivencia, hay amor, ha determinación, hay miedo, hay trabajo.

(...) un hombre debe aprender a perdonar... a discernir lo que es importante, pues vivir sin perdón era una especie de muerte con respiración y movimiento.

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—Hombre, la vida va a seguir zarandeándote, pero tienes que seguir jugando. 

**Mención especial para Sunja, como eje de unión de todos los personajes, define muy bien que la vida, además de ser dura, tiene también momentos buenos. Una mujer fuerte que representa esa resiliencia que a mí, al hacerme más mayor, me resulta más complicada. Una historia muy bonita y con mucho significado.

—¡Claro que sí! Sunja, corazón, la vida de una mujer es trabajar y sufrir. Es mejor que te pille desprevenida, ¿sabes? Ya casi eres una mujer, así que alguien debería decirte esto: el hombre con el que te cases determinará tu calidad de vida. Un buen hombre te dará una vida decente, pero junto a un hombre malo vivirás un infierno... Sea como sea, espera siempre sufrir, y sigue trabajando duro. Nadie se preocupa de las pobres mujeres... solo nosotras mismas.

Por cierto, no lo he dicho, pero este libro lo gané en el sorteo organizado por Teresa, de Leyendo en el bus (mil gracias, Teresa, por el libro), y lo escogí por la recomendación del Booktuber Mikey. Además, se está preparando un kdrama sobre él, lo que le añade más atractivo a la lectura.

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Comentarios

  1. La literatura oriental parece escrita para adentro. Tiene su "no sé qué" que cuando empiezas a leer no sabes si te gusta pero no puedes parar. Excelente reseña, besos

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  2. No lo conocía. Y me ha gustado mucho lo que has contado. Muy atractiva esta lectura.
    Besotes!!!

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  3. No soy muy amiga de la literatura oriental, pero con esta reseña me has convencido. Creo que esta historia puede ser mucho de mi agrado. Esa lucha por la identidad que se pierde al perder la tierra de uno; ese no ser de ningún sitio y ser despreciado en todos. Vamos, que ya está apuntado.
    Un beso.

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  4. Por ahora lo voy a dejar pasar que no me termina de llamar.

    Saludos

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  5. Cuánto me alegra de que lo hayas disfrutado tanto. Me lo apunto, porque me ha gustado todo lo que has dicho sobre él.
    Un abrazo.

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  6. No lo he leído, pero lo tenemos en el blog porque lo leyó y reseñó MB (y le gustó mucho, si no recuerdo mal). Yo tengo muchísimas ganas de hacerme con mi propio ejemplar y leerlo, sé que lo voy a disfrutar un montón. Salvo excepciones (como con todo), soy muy fan de la literatura oriental, conecto mucho con ella. A ver qué tal cuando lo lea.

    ¡Besote!

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  7. Lo dejo pasar, no me termina de llamar, pero muy buen post Carmen

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