Descansar o ser libre, de Marin Ledun

Fecha de publicación: 1 de abril de 2019
género: novela negra
número de páginas: 248
ISBN: 978-84-17451-42-4

Palabras clave: Novela negra francesa, noir, investigación policial, coches robados, mecánica, amor en la madurez, Castellón de la Plana, Montpellier, trabajo, burn out, violencia laboral, suspense, platja del Nord, crítica social.

Las tres de la madrugada en la ronda sur de Montpellier. Stéphane Guyot, de cincuenta y siete años, es interceptado por la gendarmería por exceso de velocidad, conduce un vehículo robado. La policía descubre que este mecánico sin antecedentes penales es el autor de un gran número de robos de coches, y que viaja con frecuencia a Castellón de la Plana.
La teniente Salima Aboutaib intenta comprender la deriva criminal de la vida de un profesional de los de antes, que ha dedicado su vida a la mecánica, con un comportamiento hasta entonces aparentemente ejemplar. Ninguno de los avances de la investigación encaja con el perfil de un delincuente. ¿Para qué roba decenas de vehículos? ¿O para quién? ¿Y qué le lleva a Castellón?
En la recta final de su vida laboral este hombre sin historia descubre un amor que es más intenso que ningún otro, la luz de la Costa del Azahar, las expectativas de un futuro lleno de ternura, el dolor y la culpa.
Este relato a dos tiempos ahonda en la violencia que la presión laboral inflige a las personas, hasta dónde nos lleva, y enfrenta al lector a las razones por las que deberíamos decidir entre descansar o ser libres.

Ahora me encantaría tener la facilidad de palabra, acompañada de conocimiento, para comenzar esta publicación con una gran frase que definiese esta novela; algo así en una línea marxista y freudiana o, simplemente, literaria, pero no soy capaz, no me sale. Cierto es que el mismo título tiene sentido por todo lo que implica en el devenir de una vida, en nuestra manera de afrontar los problemas o las situaciones, por lo que podemos descansar o ser libres, depende de nosotros, en la sociedad que nos envuelve y que define nuestro camino. ¿Qué esfuerzo hacemos nosotros por vivir como queremos vivir?
Esta situación es la historia de la vida de los obreros como él. Ha llegado el momento en que los conejos han de elegir entre quedarse agazapados tranquilamente, bien calentitos en el fondo de la madriguera, asomar la cabeza y afrontar el doble cañón con el que el cazador los apunta.
Dejando a un lado este intento de filosofía inexacta, ya que cualquier argumento que enarbole desde mi atril estará vacío y se notará algo débil, tengo claro que esa doble opción que parece que tenemos ante nosotros es un poco lo que marca el hilo argumental de esta novela, narrada a dos tiempos, únicamente separados por seis meses de diferencia, a través de los cuales conoceremos a Stèphane Guyot, mecánico de Montpellier, detenido por una imprudencia y protagonista de la trama, y a Salima Aboutaib, teniente de la gendarmería francesa, casada, con una vida solitaria y vacía, y responsable de la investigación alrededor del delito de Guyot. 
Desde luego, un automóvil siempre será un automóvil, un 'super' símbolo consumista, un ingenio mortal, un montón de barro, una lata de conservas, un símbolo fálico, el tornillo que les falta a algunos tipos, a veces también a algunas mujeres.Sin embargo, como tantas v otras cosas, el automóvil contiene una implicación paradoja.Es algo humano.
Tú te crees un viejo mecánico que malcrían los clientes y mima sus cacharros como si fueran propios. Esto es una cadena industrial. Ya no es el pequeño garaje de papá. Los clientes tienen que hacer cola, y nosotros solo estamos aquí para ayudar a que entre la pasta.
Quizá el atractivo del planteamiento inicial de la trama es esa intriga que gira en torno al porqué, para que, a medida que avancemos en nuestra lectura, lleguemos a un punto final común que nos haga entender y comprender, tanto a él como a ella, y, sin buscar nuestro juicio, conseguir remover nuestra conciencia social sobre lo que puede ser nuestra propia vida o las consecuencias de ese no ser libres. Lo que es algo más complicado de visualizar, o por lo menos para mí lo ha sido, es el color negro de este texto. Entiendo que la base de esa concepción viene por el móvil del crimen, o crímenes, que se investiga así como ese aire no explícito de violencia que envuelve un poco todo.
Se dispone a festejar sus cincuenta y siete años, quiere vivir un poco antes de que sea demasiado tarde, y tiene a su Margo que le susurra: <No te puedes follar a todo el mundo. Y para que las cosas marchen, tendrías que poder follarte a todo el mundo>.
He leído acompañada de cierta sensación de pesimismo social, con un toque de humor, que acrecentaba mi escepticismo hacia la propia realidad de los personajes e, incluso, hacia su sinceridad. La creencia de una segunda intención en los actos de todos ellos y el convencimiento de que en la siguiente página me iba a encontrar con la crudeza de la vida o con la oscuridad de la novela y del alma de todos ellos, ha hecho que leyera a veces con distancia, esperando lo que no debía esperar. 


No obstante, el trabajo realizado por el autor alrededor de ambos personajes, ÉL, Guyot, tan minucioso, tranquilo, inseguro, romántico, y ELLA, Salima, tan pragmática pero con el anhelo de algo que no llegará, ha sido una de las partes más interesantes. Además, el resto de acompañantes conforman el dibujo de una sociedad aparentemente vacía, sin principios, con objetivos banales y casi sin amor, que es la esencia de toda felicidad, o de la búsqueda de ella.
Una lágrima se desliza por su mejilla.La enjuga, hace una inspiración profunda, y tira de la empuñadura de la portezuela; luego, dice para sí mismo:—No es suficiente.
No me esperaba que la novela girara en torno al trabajo, a las condiciones laborales, a la presión, a la madurez, a la optimización y la eficiencia, no solo laboral sino también vital, y a los sentimientos de lo que ha sido, lo que pude ser y lo que no será. Creo que puedo decir que me ha parecido una novela de pérdidas, ausencias y decisiones.

No me olvido de las dos ciudades que están unidas por carretera y por esta historia: Montpellier y Castellón. La presencia de Castellón en ese porqué es fundamental, es la luz, es la vida para él, lo es todo, y el autor sabe pasearnos por sus calles, como un verdadero anfitrión, y consigue que vivamos esos días en esta ciudad como si fueran nuestros. Yo conozco Castellón y he visto sus calles a través de las palabras de Marin Ledun.

El abrazo, de Juan Genovés

Es corta, no se va por las ramas, mantiene la intriga hasta el final, aunque tampoco con un giro narrativo que tú, como lector, no te esperes o no hayas supuesto. Es una lectura pausada aunque con ritmo, pero no se precipita, no nos engulle. Si me preguntáis si me ha gustado, mi respuesta es que sí, me ha gustado mucho, con ese romanticismo, algo soslayado, que nos trae la parte más bonita y la parte más triste de esta historia, la que remueve. Eso sí, al lector de novela negra no sé si le encajará dentro de sus expectativas.





Comentarios

  1. Interesante novela para salirse del camino establecido.

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  2. No soy mucho de este género, pero lo tendré en cuenta por si alguien me pregunta, le digo que se pase por aquí. buen post guapa

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