No solo un sueño, de Lola Rey



La bruma de Londres tiene oculto un encuentro: una mujer corre, huye, en apariencia, de algo. Un hombre decide frenar su carruaje, hacerla subir, llevarla lejos de aquello de lo que escapa. Ausentes de las circunstancias, alejados del secreto que la muchacha esconde, ambos se entregan a lo que la noche y sus propios cuerpos les reclaman.
A la mañana siguiente, él, Tyler Collingwood, hermano del conde de Kent, percibe todo distante, nebuloso, como si solo se hubiera tratado de un sueño. Apenas algunas ausencias materiales se empeñan en constatarle que no es así.
Dos años después, no puede creer que ella está ahí, en la residencia del conde, que insiste en verlo, que dice llamarse Edmée Gordon, que se obstina en darle a conocer un hijo de ambos que tiene un parecido innegable con el padre. La desconfianza y la protección se acumulan en él, que decide saber de qué huye la muchacha y la cobija en la mansión. A partir de allí, la vida de la casa dará un vuelco, y tanto Edmée como Tyler deberán confrontarse a sí mismos, vencer prejuicios y miedos para demostrase que lo que han vivido no es solo un sueño, sino que ese sueño puede multiplicarse.

A veces, hay escritores que sabes que te harán pasar un buen rato leyendo porque construyen historias sencillas y con la calidad adecuada para que consigas relajarte mientras lees. Cuando ese pozo sin fondo, que venero y a la vez maldigo, llamado Kindle Flash puso una novela de Lola Rey en oferta, no me resistí. La novela que compré, No solo un sueño, es la segunda de una serie, que se puede leer de manera independiente a pesar de que los protagonistas de la novela anterior están más que presentes y tienen un papel muy activo en ésta.

El comienzo es muy rápido y mezcla intriga y sensualidad, acción y deseo, preparándonos para el posterior desarrollo de la historia, dos años después. Nos presenta a Edmée y a Tylor, aunque de una forma fugaz, dejando al lector con ganas de continuar para saber qué pasará. 

Para mí el protagonista en torno al que gira todo es él, por una vez, porque es quien evoluciona a lo largo de esta pequeña historia, y eso a pesar de que ella es quien mantiene la intriga hasta casi al final. El resto de los personajes acompañan, con más o menos importancia, y nos muestran unos actores atípicos para el último tercio del siglo XIX en la encorsetada y añeja nobleza inglesa. Es verdad que en esa época comenzaba a verse amantes del artes, las ciencias y la igualdad entre clases, al igual que las mujeres empezaban a revindicar su importancia.

Estoy convencida de que si hubiera leído antes Nunca nadie más me hubiese sentido más cerca de Tyler y de su desconfiado instinto. Pero no lo he hecho, así que me ha costado "quererle". No he tenido el mismo dilema con ella. La he comprendido y la he seguido con cierto temor porque no sabía qué me depararía la historia. 


También es verdad que el amor a primera vista, disfrazado de atracción y deseo, no es mi escenario favorito dentro del romance, sobre todo de época, ya que es la parte más irreal de la relación entre dos personas. Prefiero los romances que se van forjando poco a poco, por medio de palabras, acciones, gestos, momentos...


Ha sido una lectura de transición entre libros adecuada. Entretenida, con romance e intriga, al estilo de Amanda Quick, a pesar de que los caracteres de los protagonistas no encajan del todo con la época en la que se desarrolla la historia. Me ha dejado con ganas de leer la historia anterior y la posterior para conocer a estos caballeros tan reticentes al matrimonio que quedan desarmados cuando se enamoran. Lola Rey, 

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Comentarios

  1. No conocia esta escritora pero por lo bien que hablas del libro la tendre en cuenta.

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