Demian, de Hermann Hesse

Mi biblioteca personal está llena de clásicos pero no porque los haya leído todos sino porque he ido heredando de aquí y de allá más con el ansia de leerlos algún día que con la certeza de ser una buena lectora. Todos los años me propongo mejorar mi bagaje en literatura clásica pero no sé si soy muy constante. Entre el reto de Nos gustan los clásicos II, organizado por el blog Un lector indiscreto, y el reto mensual temático, organizado por el blog Libros que hay que leer y que en diciembre es de novela clásica, voy descubriendo esos libros que tengo y que esperan a que los abra por fin.

No sé si Demian es el libro más famoso de Hermann Hesse pero sí es el que tenía por aquí. Probablemente, debido a la similitud del título con el nombre de ese niño endemoniado de cierta película, me provocaba cierto respeto su lectura. Ahora que la he terminado sigue transmitiéndome respecto pero de otra manera; por un lado, me hace preguntarme en qué momento anímico estaría la juventud de comienzos de siglo para que algo así tenga sentido entonces y ahora, consiguiendo que me asuste el paralelismo, con ciertas distancias, que encuentro entre ese momento y el nuestro; por otro lado, la historia de juventud de Emil Sinclair (subtítulo que acompaña) me incita a continuar leyendo novelas con esa fuerza que el desengaño vital puede aportarme, quizá porque a medida que voy haciéndome mayor voy entendiéndolas más. 


No tiene usted por qué compararse con los demás, y si la naturaleza le ha creado para murciélago, no debe usted aspirar a ser avestruz.

¿Cómo plantear una reseña de un libro así? Bueno, no me resulta fácil. Es un libro muy corto (mi edición tiene 157 páginas, es de  Ediciones Prisma, de México, y no he conseguido saber en qué año fue impresa), lo que facilita su lectura pero concentra su contenido. Esta escrito de una manera fluida, con gran aporte de pensamientos, al modo de toda narrativa intimista. Tiene una historia que va desde los cinco años de Emil hasta aproximadamente los veinte, aunque da la sensación de que ya ha vivido mucho y de que es mucho más mayor. Comienza con una frase que tiene mucho sentido: 

Quería tan sólo intentar vivir aquello que
tendía a brotar espontáneamente de mí. 
¿Por qué había de serme tan difícil?

A partir de ahí, partimos de una Introducción, en la que el narrador nos habla sobre el motivo de este texto, su historia, y a modo de confesión consigue involucrarnos ya desde la página uno:

No soy un hombre que sabe. He sido un hombre que busca y lo soy aún, pero no busco ya en las estrellas ni en los libros: comienzo a escuchar las enseñanzas que mi sangre murmura en mí. Mi historia no es agradable; no es suave y armoniosa como las historias inventadas; sabe a insensatez y a confusión, a locura y a ensueño, como la vida de todos los hombres que no quieren mentirse a sí mismos.

Este narrador, que nos habla ya desde su madurez, suponemos, resume de manera magnífica esa parte de su vida, a modo de memorias, que marcó su existencia y su búsqueda de la perfección, dentro de su dualidad, tanto personal como vital y social, incluso sexual; y lo hace a través de ocho capítulos muy directos:

I. Dos mundos
II. Caín
III. El mal ladrón
IV. Beatrice
V. El pájaro rompe el cascarón
VI. La lucha de Jacob
VII. Eva
VIII. El principio del fin

No sabría decir si lo hace con orgullo o con vergüenza, pero intuyo que con ambas, ya que esa doble sensación opuesta encaja perfectamente en el resto de los conceptos que le acompañan a lo largo de sus palabras; y en todo este proceso de maduración y encuentro con la realidad de su vida, coincide con Demian y eso enrarece más las cosas, o las encauza, tampoco soy capaz de afirmar una u otra. Demian como medio catalizador para todas esas dudas lógicas que hay en la cabeza del narrador, en ese proceso de formación, en ese intento por encontrarse en su mundo oscuro, alejado del luminoso, tiene mucho sentido, pero un sentido liberador. Demian lo envuelve todo a pesar de todo, y al final es lo que debería haber pasado.
No todos podemos ser Fausto


Si observamos a un hombre con atención suficiente, acabaremos por saber de él mucho más que él mismo.


Siempre el cielo y el infierno, lo bueno y lo malo, la luz y la oscuridad, así encaja Emil su existencia y su manera de relacionarse con el entorno, con la familia y con el conocimiento.

Tengo la sensación de que ese viaje que realiza Emil a través de la realidad y de los sueños no es más que una búsqueda de la perfección que no existe, que si crees alcanzarla se desvanece, aunque pienses que la has disfrutado dentro de tu propio pequeño mundo aislado. Eso sí, para mí no hay enseñanza dentro de este libro, a pesar de lo que he leído en muchas opiniones de lectores; hay un muy interesante estudio psicológico de la mente humana, de sus instintos, de sus esquinas y de sus oscuridades.

Podría seguir hablando, o en realidad divagando, sobre muchos aspectos que se tocan en esta novela corta, pero creo que si habéis llegado hasta aquí, ya os merecéis un descanso de mis palabras.






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Comentarios

  1. Hola!
    Tengo este libro en una edición ilustrada de alianza, es muy grande, pero aún no me había atrevido a ponerme con él. Como dices, seguro que es una obra que da para muchas divagaciones, así que a ver si me pongo pronto con él y veo por mí mismo todo esto que reflejas.
    Un beso
    S

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  2. Hola!magnífico tus comentarios.nos refrescaste una lectura.por cierto nos quedaremos por estos lados!!! Felices fiestas.saludosbuhos🎄🌟

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