Sergio, de Manuel Mujica Lainez

Manuel Mujica Láinez
Prólogo: Luis Antonio de Villena
Edición: Estefania Lavín García-Roldán
Fotografía de Juan Martín
230 páginas
ISBN: 978-84-946483-6-6

Sergio es una de las últimas novelas de Mujica Láinez, que permanecía inédita en España. Por si esto no avalase ya su publicación, es quizá, como nos advierte Luis Antonio de Villena en el prólogo, la que inaugure su último periodo narrativo, mucho más «juguetón», pero no por ello exento de la agudeza que caracteriza, con la elegancia, toda su literatura.
Además, Sergio trata un asunto capital en la obra de del gran novelista bonaerense: la belleza, y esta como un fenómeno deslumbrante para quienes la contemplan cuanto atormentador para quien la posee; tanto es así que la belleza se alza en Sergio como el único acontecimiento que dota de sentido al anodino y hosco trasiego de la vida.
El argumento cuenta los avatares de un joven, Sergio Londres, codiciado por su belleza por diversos personajes para su exclusiva posesión. Ante lo que no puede sino huir hasta encontrar el sosiego en otro ser tan hermoso como él, Juan Malthus. Al punto que todos los jocosos cuanto patéticos enredos, en los que se ve envuelto el protagonista, abocan en el amor como solución; y en el caso de Sergio Londres, en el amor homosexual.

Mi colaboración, o mejor dicho participación, en la masa crítica de Babelio es una novela curiosa y algo especial llamada Sergio. Lo primero que atrae de esta edición, algo muy importante, es esa portada que insinúa mucho y que me promete mucho. Con esa sensación, confieso que empecé a leer; la idea era descubrir un autor argentino, desconocido para mí, a la vez que disfrutar de una historia escrita ya hace un tiempo, de esas en las que lo importante es tanto lo que se dice como cómo se dice. A continuación voy a intentar explicar qué me ha parecido esta novela, que con tan solo 230 páginas he tardado en leer mucho más tiempo de lo previsto y no porque la historia no me gustara.
La historia que narraremos, comienza durante uno de esos reposos calcinantes. El bochorno, el terrible bochorno, parece decidido a derrumbar la arboleda, sobre el césped seco, enfermo de sed.
Os doy un pequeño consejo si todavía no la habéis leído: no leáis el prólogo antes de adentraros en la lectura porque, en su afán de ubicar su opinión sobre el autor y, más en concreto, sobre el relato que envuelve a Sergio, creo que desvela demasiado, indicando hacia donde te lleva todo el texto. Es verdad que lo principal de una lectura así es disfrutar de las palabras que el autor ha decidido compartir con nosotros, pero creo que no era necesario indicar ya "el final del camino", así uno está menos condicionado mientras lee. Esto, lógicamente, es mi opinión. Supongo que a otros este detalle no les afecta.

Comienza la narración de este relato poniendo nuestro punto de atención en una mujer, que sabes que no es la protagonista porque de sobra eres conocedor de que el eje de todo será Sergio; va pintando así el escenario a partir del cual partirá la historia, y lo hace con cierto humor, pero siendo bastante incisivo en sus descripciones.
He aquí, pues, el punto de partida de esta historia, de esta biografía: una anécdota, un cuadro, que algunos juzgarán trivial, otros ridículo, otros pornográfico, alegórico otros, poético, surrealista, excitante,según sea la dirección y matriz de sus respectivos ánimos; según sean sus prejuicios también: un muchacho desnudo, solicitado por un sueño suficientemente lúbrico, que lugar de experimentarlo en la intimidad de su cama, pasea exponiéndolo, sobre la cornisa de un hotel.
El narrador está implicado dentro de la misma historia como contador de la misma, involucrándose y, en cierta manera, juzgando, no tanto a Sergio, al que digamos que le provee de una luz distinta, sino más al resto de actores que giran y se aprovechan de Sergio y de todo lo que, para ellos, puede llegar a ser. 

Partimos de un Sergio que es como si fuese inocencia pura, limpia, blanca, un ser tranquilo, que casi no habla; y nadie mira por él, nadie piensa en él, y al final lo buscan y lo utilizan, o al menos lo intentan, y de ahí viene el mal del hilo argumental, hacia donde nos lleva la historia. 

Lo primero que me sorprendió del estilo narrativo de este autor es lo enrevesado de su prosa, sin complicar su entendimiento; hay un juego entre algunas partes excesivamente recargadas y otras más fluidas y ligeras. Supongo que Manuel Mújica juega así con nuestra comprensión y percepción de cada uno de los escenarios que nos propone. El mismo narrador habla de crónica cuando referencia al texto "...téngalo en cuenta el lector porque de no ser así, buena parte de lo que se referirá en esta crónica resultará incompresible..."

¡Ay, Sergio, Sergio!: la vida es un laberinto lleno de trampas. Para estar en paz, lo mejor sería no moverse, pero ¿cómo conseguirlo, si uno es hermoso, y lo solicitan y lo empujan y lo llevan y lo traen y lo sacuden y le imponen?

No he llegado a perder la sensación de que oía a todos los personajes excepto a Sergio, y con eso debía construir a mi protagonista: cómo era, cómo lo ven los demás, cómo va a reaccionar, qué va a pensar. Sergio es víctima de todo pero a la vez llega a escaparse de todo. 

Algunos de estos personajes se encuentran ya en un momento vital extremo; son como unas copias exageradas de sí mismas, desfasadas. No sé si tiene relación con su edad y el hecho de que ya han vivido lo suficiente para estar algo pasados. Actúan de forma impune, o lo intentan; y eso contrarresta con Sergio, al que conoceremos con algo más de trece años, y al que el autor casi no concede defectos.

Al final, lo que tenemos es un viaje, una carrera, que se convierte en una huida constante de Sergio; esa sensación de querer escapar continuamente, escapar de él mismo y de lo que su físico provocaba en él; su tía dice "...su belleza la conmovía, la belleza del esqueleto, de la carne, la de piel, la de los ojos, la del cabello, la de los ademanes, la del andar, la de la quieta presencia". Así vemos a este personaje casi con un halo de quietud y de tranquilidad, que es el que ha ido atesorando a medida que avanzan los años y su experiencia vital, pero siempre a través de esa sensación que da la belleza y la fragilidad que parece tener Sergio, y todos los demás son culpables, no tanto él, a quien coloca el autor en el centro de todo.

Como ya os he dicho, con un texto muy ágil y rápido, donde se percibe la maestría en la formación de palabras y oraciones para describir, a veces en demasía, sobre todo sentimientos, pero desde una forma exterior. Creo que el autor consigue narrarnos y acercarnos a una historia escrita a modo de enseñanza, o de narración lúdica, sobre cómo influye de manera providencial el ambiente que rodea a Sergio, y las consecuencias que tiene esa belleza, que se nos muestra como pausada, tranquila e, incluso, luminosa, e inocente e imberbe de este niño, que muy pronto se queda solo, y casi aparece como la razón de los deseos incontrolables de los demás. Es curioso que con tan pocas palabras se pueda decir tanto de un personaje pero siempre desde el punto de vista de un tercero, que es el que se siente influido directamente y coaccionado por lo que la simple presencia de Sergio le hace sentir; hablamos de pasiones sexuales, físicas, mentales; hablamos de deseos incontrolables, hablamos de actos irreflexivos, y hablamos de actos que incluso se pueden juzgar, y hablamos de consecuencias. El narrador se implica en lo que está contando, dándole una mayor rapidez al texto y una mayor cercanía.

La búsqueda del escritor es poner al lector en la situación de tener que juzgar y elegir si la actitud de Sergio ante todo lo que le ocurre es la correcta o no. Incluso hay un momento en el que, al final, es como si el narrador se apiadara de nosotros y nos explicara el porqué del carácter de Sergio, el que nosotros intuimos (no somos tontos), y lo que nos dice, bien lo hemos podido sacar de lo que hemos leído, pero él quiere remarcarlo, quiere hablar de esa timidez de Sergio y de cómo su manera de actuar es consecuencia de ese deseo exacerbado de la gente que quiere algo de él debido a su belleza, y cómo él anhela agarrarse a algo, a un amor romántico, que él considera más correcto, y que lo más probable es que le nuble el entendimiento.

La historia nos muestra una huida sin sentido ni camino marcado, de Sergio Londres, que no sabe cómo reaccionar a todo lo que provoca en los demás.

Lo único bueno que parece que tiene Sergio es su relación con el arte y, sobre todo, con la música y su perfecta ejecución. Existe en la historia un anhelo final, un todo camino hacia lo correcto, a lo que debería ser o hacia lo que realmente queremos que sea, que desconcierta y desubica; son tantas las sensaciones que el autor consigue plasmar en nosotros, que se hace complicado leer sin estar pensando "por qué".

A pesar de todo lo bueno que se saca de esta lectura, que no es poco, tengo que reconocer que me ha costado avanzar, me ha costado hilar la lectura de forma continua y, quizá, empatizar con el protagonista y todo lo que le ocurre. Los lectores me entenderéis cuando digo que lo ajeno a la lectura también afecta a la misma, y mucho, y que hay momentos y momentos; así de simple.


   




Comentarios

  1. Manuel Mújica Laínez es un esteta, un escritor en el que el Arte, lo estético prima sobre todas las cosas. De él leí hace ya muchos años "Bomarzo", una novela en dos tomos que es muestra de su prosa barroca, hiperestética. Me encantó, tanto que pese a los años transcurridos el bosque de Bomarzo en las afueras de Roma sigue estando muy presente en mi memoria aunque la anécdota concreta de los personajes se me haya diluido con el tiempo.
    Esta novela, "Sergio", no la conocía. No sé si ahora estoy para muchos estilismos aunque ya te digo que la prosa del autor me encanta. Tomo nota del título y si la veo por algún sitio me la echo al coleto (ja, ja)
    Tu reseña me parece magnífica y el aviso de que nos saltemos la introducción es muy de agradecer.
    Muchos besos, Carmen

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    Respuestas
    1. Me quedo con lo de hiperestético; no lo conocía y creo que encaja, aunque en esta historia, quitando algunos momentos en los que sí se pierde describiendo escenas o escenarios, es más el juego entre Sergio y los demás.
      Un abrazo y felices fiestas

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