El bar de las grandes esperanzas, de J. R. Moehringer

Título original: The tender bar: a memory
Colección: Nefelibata
ISBN: 9788417761066
Primera publicación: 2005

Del autor, premio Pulitzer, que escribió el fenómeno editorial OPEN, las memorias de Andre Agassi.
J.R. creció con su madre, pues su padre lo abandonó antes de que pronunciara su primera palabra. Pero J.R. sabe quién es: un pinchadiscos de Nueva York que tiene un programa de radio que él escucha con devoción, hasta el día en que su voz sale del aire y J.R. se queda sin nadie a quien escuchar. Encontrará entonces refugio en el amor de su madre y en el Dickens, el bar de la esquina, un sitio donde poetas, policías, apostadores, boxeadores y estrellas de cine tienen una historia que contar. Conmovedor y emocionante, firmado por un premio Pulitzer, El bar de las grandes esperanzas es un libro hermoso que puede leerse como una novela de aprendizaje o como una historia apasionadamente sincera y real.



Mi amiga Alicia, de Leo la lluvia caer, me llevó a la librería Aída Books de Castellón, donde ella suele estar los sábados por la mañana. Si no conocéis este proyecto, os diré que es una ONG que, gracias a donaciones de libros, recauda para proyectos de cooperación en África, Asia, Oriente Media y América latina. En la entrada se puede ver el proyecto. Los libros están a 1€, 2€ y 3€ generalmente. En esa librería cogimos El bar de las grandes esperanzas sin conocer al escritor y sin haber oído antes hablar de esta historia, y, así, sin pretenderlo, se ha convertido en una de mis mejores lecturas de este año

Por mi manía de no leer las sinopsis de los libros, desconocía que estaba ante un texto de carácter biográfico; un viaje de formación de un niño que creció a la vera de una madre sola, unos abuelos algo atípicos y, sobre todo, la ausencia de un padre. En una pequeña ciudad a pocos kilómetros de Nueva York, casi como aislados, como si fuera un mundo distinto, JR vive lleno de carencias, buscando su lugar, su sitio. Así, nos va narrando su infancia y adolescencia, y todo en un tono tan narrativo, tan ameno y tan fluido, que ha sido una maravillosa experiencia lectora. No tiene el carácter filosófico de unas memorias pero sí, de forma agudo e inteligente, nos hace un retraso muy realista de lo que fue su existencia allí.

Comenzamos en 1972.


La vida consiste en escoger qué voces sintonizar y qué voces no, lección que yo aprendí mucho antes que la mayoría de la gente, pero que me costó más que a muchos otros aplicar correctamente.

En el prólogo, el autor nos explica el porqué de esta novela, de lo que le ha motivado para escribirla y de las intenciones que tiene con ella; también conduce nuestra atención hacia ese bar y cómo condicionó su vida y su forma de relacionarse con el mundo. Tiene un toque dickesiano interesante, creo que usado como recurso narrativo para darle un carácter más distendido, pero no por ello menos sincero e íntimo, a lo que va contando. 

El autor sabe contar una historia y mantener el interés; nos acerca a su infancia, restando dramatismo, ya que la carga emocional viene por lo que podemos nosotros intuir y no tanto por cómo nos lo está descubriendo. Son sus recuerdos, y solo por eso ya son especiales. No he percibido rencor sino solamente afirmación, además de comprensión a todos ellos: su familia.

Sabía que los americanos dotan a sus bares de significado y que acuden a ellos para todo, en busca de glamour y de auxilio y, sobre todo, para hallar alivio contra el azote de la vida moderna: la soledad. No sabía que los puritanos, a su llegada al Nuevo Mundo, construyeron un bar antes incluso de una iglesia. no sabía que los bares americanos eran descendientes directos de las posadas inglesas que aparecen en los Cuentos de Canterbury de Chaucer, que a su vez descendían de las casas de cerveza sajonas, que a su vez descendientes las tabernae que poblaban las calzadas de la antigua Roma.


Exaltamos lo que tenemos a mano. De haberme criado junto a un río, al lado del mar, cerca de algún escenario natural propicio para el descubrimiento de mí mismo y para la evasión, es posible que los hubiera mitificado. Pero yo me crié a ciento cuarenta y dos pasos de una vieja y gloriosa taberna americana, y eso me marcó.

Si el eje de la historia es el bar, y lo que implicaba en la vida de los años setenta y ochenta, la esencia es su madre y su relación con ella. Hay una frase que utiliza para describirla que me gustó especialmente: ...a pesar de ser la persona más sincera que he conocido en mi vida, era una mentirosa extraordinaria... y, a partir de ahí, nos lleva de la mano a este viaje en el que se congratula con ella y con todo lo que podría o no podría reprocharle. Como ya os digo, no hay acritud en sus palabras sino, más bien, agradecimiento y aceptación, sin caer en la falsedad

Yo me fijé en el bar. Otro no habría visto más que un grupo aleatorio de bebedores, pero yo veía a mi gente. A mi familia y amigos. A mis compañeros de viaje. Allí había todo tipo de personas —agentes de bolsa y ladrones de bancos, atletas e inválidos, madres y supermodelos—, pero todos éramos uno. A cada uno le había herido algo, o alguien, y todos acudíamos al Publicans porque a la tristeza le gusta la compañía, pero lo que busca, realmente, es el gentío.

A medida que avanzas en la lectura, te vas sintiendo más cerca de él y de sus carencias. Realmente, a través de la visión de JR, del autor como niño, vamos conociendo a una serie de personajes con los que se relacionaba y que influyeron directamente en su manera de ver la vida y de enfrentarse a ella. Creo que el autor consigue exponernos tanto la visión de un niño ante todo lo que le rodeaba, como el significado adulto, real, que le puedes dar a esa visión, y con ello completa el escenario del recuerdo de su pasado: su madre, trabajadora y triste; su abuelo, como él dice, mala persona y amante de las palabras; su abuela, extraña, rara, pero cálida; su tío, un personaje clave; sus primos; su padre, ausente pero real.

¿Qué no tiene que tener la vida de un niño en los años setenta para que el lugar que le da él a esas grandes esperanzas sea un bar, cuyo nombre es Dickens, en el que él empieza a encontrar su sitio, alrededor de esos hombres con sus historias reales imperfectas; donde perdía ese miedo, donde encontraba esa temeridad; donde ya no tenía la sensación de cuidar a su madre, o proteger a su abuela, o entender a su abuelo, o anhelar a su padre?

Entendí que debemos mentirnos a nosotros mismos de vez en cuando, decirnos a nosotros mismos que somos capaces y fuertes, que la vida es buena y que el trabajo trae recompensas, y que después debemos intentar que nuestras mentiras se hagan realidad.

Los libros son muy importantes en la vida de JR. El autor es periodista y escritor, y parte de su infancia, de su juventud y del comienzo de la vida adulta gira en torno a los libros, como buenos acompañantes de viaje, como profesores incluso, a través de los que mira el mundo de otra manera. 

Hay un momento al principio de la historia en el que él está preocupado por cómo enfrentarse a alguien, y su madre le tranquiliza diciéndole que no te preocupes porque les conquistarás, como conquistas a todo el mundo, y es justo lo que consigue contigo cuando lees esta novela: el autor te conquista, así de sencillo. Es un niño que te atrae, te gusta escucharle, te gusta leer cómo te cuenta lo que ha pasado, cómo lo describe, cómo se involucra, cómo habla de sí mismo, sin regodearse en su propia tragedia, pero siendo muy sincero; su humor; cómo es capaz de apreciar las palabras, y los silencios, esos maravillosos silencios, que son muy importantes; cómo analiza lo que ve; cómo nos describe lo esencial que eran para él los encuentros con su entorno, con la gente que tenía alrededor, y cómo él le daba su significado. Entiendes muy bien cuando su madre le dice que él conquista porque lo ha hecho conmigo como lectora; a mí me ha conquistado totalmente casi desde el principio del libro, y me he sentido muy cercana a este JR perdido y desolado, que busca, simplemente, tener a alguien de quien aprender. Es alguien que a pesar de sus neuras, sus fobias y sus miedos, ha ido siempre con la cabeza alta, en silencio y sin molestar, pero con la cabeza alta; siendo esto una de las cosas que más me ha gustado.

La gente no entiende que se necesitan muchos hombres para crear a un hombre bueno. La próxima vez que vayas a Manhattan y veas que construyen uno de esos poderosos rascacielos, fíjate en cuántos hombres hay implicados en la operación. Pues el mismo número se necesita para construir un hombre sólido que para construir una torre

Fijaos si me había conquistado ese niño que cuando terminé la primera parte, y comenzaba la vida de un JR entrando en la vida adulta, me di cuenta de que echaba de menos al JR niño y a su forma inteligente, curiosa y silenciosa de ver la vida.


Las palabras organizaban mi mundo, ordenaban el caos, dividían pulcramente las cosas en blancas y negras. Las palabras me ayudaban incluso a organizar a mis padres. Mi madre era la palabra impresa: tangible, presente, real; mientras que mi padre era la palabra hablada: invisible, efímera, convertida al instante en memoria. Había algo reconfortante en aquella simetría rígida.

Cuando lees mucho eres más consciente de todo lo que un escritor plasma en sus textos, más allá de la historia en sí, siendo parte de la misma esa manera que tiene de contar, de transmitir, y, para mí, este autor es un gran narrador de historias. Este libro es pura narración, donde es muy importante el uso de las palabras, con diálogos escasos, que no se necesitan porque el texto ya tiene fluidez. He leído El bar de las grandes esperanzas como un homenaje a sus comienzos, a la gente que influyó en él, desde la sinceridad; como una retrospección sana, veraz, real y llena de sensaciones.

—¿Por qué hay tantos hombres malos en nuestra familia?Sin levantar la vista me respondió:—No sólo en nuestra familia. Hay hombres malos por todas partes. Por eso quiero que tú, cuando crezcas, seas bueno. —Alzó despacio la mirada—. Por eso quiero que dejes de estar siempre tan enfadado, JR. Basta de pataletas. Basta de mantitas favoritas. Basta de pedir televisores y juguetes que tu madre no puede permitirse. Tienes que cuidar tú de tu madre. ¿Me oyes?



Comentarios

  1. Qué preciosa reseña. Los fragmentos, las imágenes, las reflexiones... qué bien equilibrado todo y con qué mimo lo has tratado. Me ha encantado. Enhorabuena. <3

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    Respuestas
    1. Ya veo que me lees con las gafas buenas ;). Es un gran libro y ha sido una mejor lectura.
      Un abrazo
      (y gracias)

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  2. Este libro no es para mi, lo voy a dejar pasar.

    Saludos

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  3. Lo leí hace un par de años y me gustó mucho. El autor tiene una manera muy especial de contar sus cosas
    Besos

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  4. Es una estupenda reseña, Carmen pero las biografías no me llaman demasiado.

    Un beso

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