Cruz, de Nicolás Ferraro

Editorial: Delito libros
Autor: Nicolás Ferraro
Páginas: 257
Encuadernación: con solapas
Medidas: 14 x 21 cm
ISBN: 978-84-120625-0-2
Fecha de publicación: 7 de octubre 2019

Finalista Premio Dashiell Hammett 2017

Tomás es un Cruz. Pero no es como su padre, un criminal violento, drogadicto y desalmado. Ni como su hermano, que aunque ha continuado la tradición delictiva familiar, es su único apoyo en el mundo. Y la persona por la que haría cualquier cosa.
Cuando su hermano se mete en líos con la mafia que controla el tráfico de drogas y de mujeres en la Triple Frontera de Argentina con Paraguay y Brasil, Tomás tendrá que demostrar que es un Cruz, si quiere ayudarlo. Y cuestionarse su lealtad. A sus principios o a su hermano. Y el odio a su padre. ¿Cuánto tira la sangre?




Negra, negrísima, es esta novela a la que cuesta acostumbrarse no solo por el lenguaje, tan de allí que te hace dudar de muchos conceptos e, incluso, de tu comprensión, sino por la dureza y crudeza del viaje que realiza este Cruz para proteger lo que tiene que proteger y para descubrir la verdadera naturaleza que esconde su alma.

Tiene un comienzo complicado, sobre todo porque al empezar a leer todavía no te has acostumbrado a ese texto tan autóctono, tan argentino, con esa jerga tan relacionada con ese submundo en el que los Cruz se mueven; pero aún así, a pesar de todo, es fácil ver que es directo y veraz y que resulta algo incómodo, llevándote casi sin anestesia a situaciones extremas.

Me llevo mucho tiempo darme cuenta de que las herencias más jodidas no pueden ni están guardadas en cajas. Tampoco en cajones.
El protagonista, que es quien nos cuenta la historia en primera persona, se llama Tomás Cruz. Desde un principio sabemos que Tomás consiguió mantenerse aparte de la vida que su hermano lleva y, sobre todo, de la de su padre. Nos vamos introduciendo en esta locura de existencia de Tomás y vamos acompañándole en la soledad que envuelve su vida en esos pocos días en los que se desarrolla la novela; vemos que aquello que más ha querido, o más ha anhelado, lo ha dejado atrás, y nosotros no sabemos si lo ha hecho porque está acostumbrado a esa sensación de abandono o porque no es capaz de sentir; no sabemos si Tomás no sabe amar o si esa especie de mierda que envuelve todo le ahoga, aunque se siente en la obligación moral, familiar y real, a pesar de todo, de tirar de su hermano. 

Son personajes tan pasados de todo que es difícil tener empatía excepto hacia algunos que provocan pena porque tienes la sensación de que no han tenido otra opción, aunque el rechazo es casi continuo mientras lees, lo que es otro gran acierto por parte del autor, conseguir esa doble sensación que te tiene descolocado.

Desde la noche en que se encerró en la pieza del viejo, mi hermano había empezado a hacer dos personas. Una, el hombre de familia, el padre, el esposo, el hermano; y la otra, el hombre de negocios, el que desaparecía y volvía con un montón de guita o con una cicatriz. La parte que me recordaba que la ignorancia es algo hermoso.
—¿Todos contentos ya? —digo—. Si no les molesta me voy a ir a la mierda y ustedes pueden seguir con lo suyo.—Aguantá, Crucecita.
Es un texto tan violento, tan duro y tristemente extremo que produce repugnancia pero a la vez te atrapa como lector, con las ganas de saber si el protagonista, que es quien consigue ese efecto contigo, será capaz de salir airoso de todo. 

Brindamos con vasos de plástico. Tomo. No sé si es fea o rica. Tomo. Falta hora y media para Navidad. Tomo. Me pregunto quién mierda seré después de las doce.
Cuando crees que las cosas están feas, se ponen más feas aún, con ese carácter límite que conlleva la inmediatez de todo lo que lees; a la que hay que añadir un ritmo frenético y muy fluido. Toda la acción es un juego muy extremo de lealtad suprema, en la que Tomás se pierde para encontrarse de nuevo, o no, hasta el final no lo sabremos.

No me falles, Cruz. No seas como tu hermano. Sé como tu viejo.
Es difícil no preguntarte hasta dónde serías capaz tú de llegar por proteger lo tuyo, o a los tuyos. La acción es tal y tan rápida que da la impresión de estar viendo una película que no descansa y que no baja nunca el nivel. Eso sí, no es una novela para lectores delicados ya que la violencia está impregnada en cada palabra del texto, incluso cuando no es explícita.

Y cuando crees que ya te has acostumbrado a lo que estás leyendo, llega la tercera parte y el autor consigue impregnar la trama con un giro que, a mí, personalmente, me sorprendió y me agradó muchísimo, porque al final somos personas llenas de sentimientos viscerales, y ahí están, en ese texto. 

Pero si tenés que confiar, confiá en los que te temen. Pensalo, cuántas veces te defraudaron los que querés y cuántas los que te tienen cagazo. Yo prefiero que me tengan miedo a que me quieran. Que te quieran está sobrevalorado.
En resumen, magnífica por todo lo que muestra, por cómo lo muestra y por lo que significa. Lo más complicado: entender ese lenguaje y asumir que me pierdo detalles de todo lo que el autor ha querido mostrar; lo mejor: la historia, los personajes y cómo está contada. 


Quisieron enterrarnos, pero se olvidaron de que somos semillas.



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Comentarios

  1. No sabes lo que me gusta una novela negra :) vamos yo quiero leer un Cruz en mi vida, seguro que me encanta.
    B7s

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  2. Lo tendré en cuenta por si se lo regalo a mi suegro para las navidades, buen post guapa, pinta bien

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  3. La tengo pendiente de lectura. Por lo que nos cuentas en tu reseña, me resulta una lectura atractiva, pese a que sea un texto violento y duro. De esta editorial leí Delito, novela que me gustó mucho, también muy dura y una trama original. Besos.

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    Respuestas
    1. Supongo que te refieres a Flemmings (yo también la leí, por eso me acuerdo de tu reseña). Creo que te gustará. Estaré pendiente de tu opinión.
      Besos.

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  4. La verdad que pinta muy bien. Estas tramas desgarradoras son las que al final siempre recordamos.

    Un abrazo

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