Cádiz, de Benito Pérez Galdós

Título: Cádiz
Autor: Benito Pérez Galdós
ISBN: 978-84-17646-68-4
Páginas: 360
Formato: Rústica 14×21 con solapas

Sinopsis:
Cádiz es la octava novela de la primera serie de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, publicada en 1874.Continúa con el relato novelado de la Guerra de la Independencia Española, en el momento histórico de las Cortes de Cádiz de 1812 bajo el asedio de las tropas francesas. Una vez más, el narrador de los sucesos es Gabriel de Araceli. A lo largo de la trama, y entre rocambolescos duelos románticos y reflexiones, se suceden las discusiones políticas, las sesiones de las Cortes y el omnipresente conflicto entre las dos Españas.
Hemos querido mantenernos lo más fiel posible a la primera edición, que se encuentra depositada en la Biblioteca Nacional.

Me gusta Benito Pérez Galdós, al menos lo que he leído de él hasta ahora. Sus novelas realistas son tan íntimas que es difícil evitar alguna lagrimita. También he disfrutado de alguna de sus obras de teatro (seguro que El abuelo os suena). Leí Trafalgar en el instituto y recuerdo que se me hizo muy cuesta arriba; entonces lo mío no eran las batallas navales y ese peso histórico en los textos. Yo no estaba preparada para ese libro, por ese motivo, con la lectura de Cádiz, he buscado acercarme de nuevo a este autor y a sus Episodios Nacionales, aprovechando que este año es el centenario de su muerte y que Cazador me ha hecho llegar un ejemplar de esta nueva edición a través de mi participación en la masa crítica de Babelio.

Con el convencimiento de que me iba a perder mucho por leer Cádiz sin haber leído los Episodios Nacionales anteriores y apenas recordando el primero, busqué un pequeño resumen de lo acontecido al protagonista, y narrador, de esta primera serie. Me encontré con este blog y esta magnífica entrada que me ayudó a entender un poco de dónde venía Gabriel de Araceli, su periplo hasta llegar a Cádiz, y el origen de Inesita y el resto de los personajes que son comunes a otras novelas. Así recordé que un Gabriel ya mayor nos va a contar todo lo que le ocurrió desde que era un jovenzuelo y acabó participando en la batalla de Trafalgar. Y lo cuenta como un cuento, si me permitís utilizar ambas palabras en la misma frase, convirtiéndose en un narrador increíble, cercano, sincero, a veces incluso divertido, y gran conocedor de la historia que ha vivido.

La vida consiste en mil mudanzas dolorosas, y el que confía en la perpetuidad de los sentimientos que le halagan, es como el iluso que viendo las nubes en el horizonte, las cree montañas, hasta que un rayo de luz las desfigura o un soplo de viento las desbarata.

El valor de esta novela no se centra solo en la calidad narrativa y de transmisión del autor, capaz de pintar un escenario cercano y accesible a pesar de la distancia temporal entre él y el momento del que habla y entre nosotros y ese mismo momento, sino también en conseguir contar lo que ocurrió en España y cómo lo vivió el pueblo, con toda su alegría, su preocupación y, sobre todo, su verdad. De esta manera, se van mezclando personajes ficticios con una gran cantidad de personajes reales, y la acción se desarrolla alrededor de todo lo que aconteció en la Guerra de Independencia, y, concretamente, en la proclamación de las Cortes en Cádiz en 1812. Esa escena en la que unos testigos inocentes e ignorantes asisten a una sesión de las Cortes y uno de ellos no deja de hacer preguntas sobre lo que significa lo que están viendo es maravillosa.

Los corazones, oprimidos por una autoridad insoportable, necesitan desfigurarse para que se les permita vivir.
Cádiz nos habla del pensamiento, de las distintas corrientes sociales, de la manera de entender lo correcto, del liberalismo, de lo nuevo y lo antiguo, de la Regencia, de las partidarios de Fernando VII... y, además, entretiene con líos de amor y desamor.  

Los buenos amigos cierran los oídos al susurro de lo que no les importa.
Aunque Benito Pérez Galdós es un maestro en el arte de la narración nada ligera, sus diálogos son maravillosos, muy inteligentes y llenos de ironía. Creo que esa faceta de sus textos me ha encantado en este libro. Tanto dicen esos diálogos que pueden ser en sí la parte más interesante de la novela porque hace a los personajes más humanos.




Diciendo esto, doña Flora desarrollaba ante mis ojos en toda su magnificencia extensión el panorama de gestos guiños, saladas muecas, preciosos mohínes, arqueos de cejas, repulgos de labios y demás signos del lenguaje mudo que en su arrebolado y con cien menjurjes albardado rostro servía para dar mayor fuerza a la palabra.
La historia que se desarrolla en esa Cádiz sitiada, en la que se celebran unas Cortes esenciales para acabar con el absolutismo y cambiar el concepto de Estado que hasta entonces se tenía, es sencilla, divertida y, a veces, como si fuera un sainete, con amores, desamores, silencios, engaños, matrimonios no deseados, madres sobreprotectoras y divertidas situaciones que incluyen un florete, un duelo o un secuestro. De una manera sencilla, asistimos a esos días en Cádiz, a sus calles, a sus tertulias y conversaciones alteradas. El autor consigue que nos creamos que así fueron las cosas, o por lo menos yo me lo he creído, además de "entretenernos" con las desventuras de los personajes. Interesante que uno de los personajes que desencadenan los hechos sea un noble inglés, Lord Gray, un advenedizo de todo lo británico y un enamorado de la naturaleza española


Sinceramente, me descoloca este Gabriel Araceli porque, si bien es el narrador de toda la historia, en la que recuerda y comparte con nosotros los hechos y las conversaciones con bastante detalle, él habla poco de sí mismo; él describe la ciudad y su gente y lo que pasaba a su alrededor; no sé si es por mi falta de conocimiento al no haber leído las anteriores, pero me cuesta ubicarle entre todos los grupos sociales y políticos que hay; en muchos momentos tenía la sensación de que se dejaba llevar por la marea. Sabemos que se siente español, pertenece al ejército, luchó contra los ingleses, ahora lo hace contra los franceses, ha estado enamorado, y en este libro duda de la correspondencia de su amor, pero según donde está o con quién está, actúa de una manera o de otra. Me resulta raro que siendo el que habla sea el que menos se inmiscuya hasta prácticamente el final. Es un observador, y nos hace observadores a nosotros, los lectores.  

Gabriel se acomoda allá donde está y todo lo hace para conseguir lo que quiere. No sé si es propio de su carácter o si simplemente es la manera que ha tenido de sobrevivir allá por donde va.

De buenos hijos es ocultar los defectos de sus padres.
Además, tenemos a Inés, doña María, doña Flora, Amaranta, don Diego y otros personajes que conforman el elenco de esta historia y que dan sentido al escenario que Benito Pérez Galdós recrea. 

No hay que criticar, pues hace muy bien en vestirse a la antigua; y si todos los españoles, como él dice, hicieran lo mismo, con la costumbre de vestir a la antigua vendría el pensará la antigua, y con el pensar el obrar, que es lo que hace falta.
Si releo lo que he escrito, me doy cuenta de que tampoco he explicado nada nuevo, pero poco puedo yo aportar ante un libro de este calado; simplemente confirmar que me sigue gustando la manera en la que este autor cuenta historias, y me gustan, sobre todo, sus personajes y cómo consigue perfilarlos a través de pocos detalles. Creo que el valor histórico de este texto es altísimo, dando la sensación de que has estado allí y de que lo has vivido como alguien del pueblo. Por lo demás, Gabriel se siente traicionado y actúa pensando cómo hacérselo pagar a los que cree responsables de esa traición. 

Ha sido interesante reencontrarme con don Benito, como se le llamaba en las múltiples tertulias literarias a las que asistió toda su vida.






Comentarios

  1. Ya se que es un clasico de la literatura española pero no me llama la atencion. Por ahora no creo que lea nada de este autor.

    Saludos

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  2. No es del estilo que suelo leer, pero muy buen post guapa

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  3. Hace años que no leo nada de Galdós, y como excusa, me propuse retomar su narrativa porque se celebra el centenario de su muerte. Leí varias novela de este grandísimo autor, pero no así ninguna de las que conforman los Episodios Nacionales. Besos.

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